Los arqueólogos deberán compartir el conocimiento con los numerosos públicos interesados o afectados por la práctica arqueológica. Estos incluyen, mas no se limitan a, estudiantes y profesores; pueblos indígenas y originarios que reconocen en el registro arqueológico aspectos importantes de su patrimonio cultural; legisladores y funcionarios de gobierno; museos y organizaciones dedicadas al patrimonio cultural; reporteros, periodistas y cualesquiera otros involucrados en los medios de comunicación; aficionados a la arqueología y organizaciones arqueológicas de interés público; y el público en general. La participación del público y la comunidad incluye a todas aquellas partes que tengan la capacidad de impactar, o se vean afectados por, el recurso arqueológico o por su interpretación. Los arqueólogos deberán (1) explicar en qué consiste su trabajo de forma culturalmente apropiada; (2) explicar la importancia de entender, preservar, proteger e interpretar el pasado para el presente y el futuro; y (3) escuchar e incorporar los saberes y preocupaciones de las comunidades afectadas por los proyectos arqueológicos. En ocasiones, los objetivos científicos y administrativos pueden entrar en conflicto con los de las comunidades locales o pueblos descendientes. En estas situaciones, los arqueólogos deberán mantener comunicación abierta y establecer un diálogo bajo un espíritu de colaboración con el propósito de alcanzar una solución de mutuo acuerdo.